
No voy a entrar en detalles escabrosos y mórbidos sobre la figura de Michael, porque está muy visto, y porque siempre pensé que el círculo legal donde se vió metido tenía más de circo mediático que de justicia real.
Se nos ha ido un icono. El icono moderno más reciente, quien cambió la música y no sólo rompió barreras, sino que las demolió, las destrozó y las pisó. No existía música negra en las radios ni en las cadenas musicales, llegó él y se acabó ese remedo de apartheid. El videoclip era sólo una forma de apoyar con imágenes la canción a través de un aburrido playback. Michael consiguió que los videoclips fueran un espectáculo audiovisual sin precedentes, llegando varios de sus videos a ser dirigidos por gente como Martin Scorsese (Bad) o John Landis (Thriller).
Un cantante se dedicaba a cantar, pues no, él bailaba (y de qué manera), componía, hizo del pop algo importante en una época en que estaba un tanto perdido entre artistas de medio pelo. El pop para televisión era algo ligero, sin ambición más allá que mantener tu canción en el top 10 durante el verano o las navidades. El cantó sobre el dolor, y seguramente mejor que nadie de su generación (sólo Prince estaba a su altura), sobre la pobreza, levantaba el dedo contra una industria que no dejaba que la música negra penetrara en las casas de la gente.
¿Qué hacer después de Thriller? Cualquier artista estaría acongojado en pensar en lo que podría hacer después de un disco así. Michael cogió la sarten por el mango, y presentó Bad, un disco más maduro que el anterior, con matices más rockeros (algo vetado en el pop hasta ese momento) y con mayor profundidad en sus letras. Con su muerte, supongo que una de las canciones que mas se radiará allí por EEUU será Man in the mirror, una bonita reflexión de no tener miedo al cambio para hacer del mundo algo mejor. La interpretación vocal es sencillamente maravillosa.
Con Dangerous, su cuarto album, rompe con el productor Quincey Jones, uno de los mejores productores de la historia de la música, y empieza su aventura en solitario. El resultado es sorprendente por la capacidad de Michael de ser capaz de dar un paso adelante en la producción y en los arreglos. De nuevo, otro video coparía las listas durante ese año, Remember The Time, con la aparición estelar de Magic Johnson o Eddie Murphy entre otros. La canción es magnífica, demostrando que dominaba en solitario el arte de hacer un pop único.
Es en ese año cuando irrumpe el Grunge, y la nueva juventud americana, deseosa de nuevos ídolos, abandona el poster de Michael y se arroja a los brazos de la nueva generación deprimida (y maravillosa) de bandas como Nirvana, Pearl Jam o Soundgarden. Los tiempos cambian, y es desde entonces cuando la vida de Michael Jackson empieza a ir cuesta abajo.
Hoy día ya sabemos que la música como tal ha perdido peso, y todos estos éxitos que nos rodeanestán hechos con dos ordenadores siguiendo un tipo predeterminado de canción con posibilidad de ser radiable y de tener un éxito más o menos importante en las discotecas. Michael trabajaba con los mejores, llegaba a llamar a Eddie Van Halen para que grabara un solo en Beat It, o a Slash de los Guns N’ Roses para que pusiera su habilidad en Give In To Me. Por otra parte, grupos como Toto (conocidos por aquí por Hold The Line), compuestos por los mejores músicos de sesión de EEUU, eran fijos en su plantilla durante sus primeros años. Por supuesto, la calidad quedaba totalmente asegurada. Escuchar Off The Wall, Thriller, Bad o Dangerous es introducirte en lo mejor de la música americana del siglo pasado.
Si hoy conocemos giras mastodónticas como las de U2, Rolling Stones o AC/DC con esos enormes escenarios fue porque Michael Jackson impulsó a todos para que un concierto no fuera un “simple” acontecimiento musical, sino un asalto audiovisual a los sentidos del público. Michael Jackson en directo es historia, simple y llanamente.
Podría explayarme mucho más, pero por mucho que hable, no podría hacerle justicia a la aportación musical de Michael al mundo. Se ha ido el último grande de la música, y nadie podrá ocupar su lugar.
El rey ha muerto. Depongan sus espadas.
